El dolor y las emociones están estrechamente relacionados porque comparten rutas neuronales. La amígdala y el sistema límbico participan en la codificación emocional del dolor. Así, cuando el dolor se asocia a miedo, ansiedad o frustración, estas emociones pueden amplificarlo. Este círculo vicioso refuerza la cronicidad del dolor. Aprender a reconocer la carga emocional del dolor y regularla (con ejercicio, educación, terapia cognitiva) puede marcar una gran diferencia.
Referencias:
- Lumley, M. A., Cohen, J. L., Borszcz, G. S., et al. (2011). Pain and emotion: a biopsychosocial review of recent research. Journal of Clinical Psychology, 67(9), 942-968.
- Wiech, K., & Tracey, I. (2009). The influence of negative emotions on pain: behavioral effects and neural mechanisms. Neuroimage, 47(3), 987-994.



