Crujir al agacharte, al estirarte por la mañana o al girar el cuello puede ser desconcertante, pero no suele ser motivo de preocupación. Lo primero que debes saber es que esos “cracks” tan comunes en rodillas, espalda o hombros no significan que algo esté mal. De hecho, en la mayoría de los casos, son completamente normales.
Una de las razones más frecuentes es la cavitación: pequeñas burbujas de gas que se liberan en el líquido sinovial de tus articulaciones cuando cambias de posición o estiras. También puede deberse al roce de tendones o ligamentos que, al moverse, generan sonido al deslizarse sobre otras estructuras. Esto ocurre más cuando llevas tiempo sin moverte, si tienes zonas con algo de rigidez o simplemente por cómo está hecha tu anatomía.
Lo importante es observar si el crujido viene acompañado de dolor, inflamación o sensación de bloqueo. Si no es así, puedes estar tranquilo: tu cuerpo solo está haciendo ruido, no pidiendo auxilio. Y si lo hace a menudo, puede ser buena idea revisar tu movilidad, tu fuerza o tus hábitos de movimiento. A veces, moverse mejor es todo lo que hace falta.
En resumen: no, tus huesos no se están rompiendo. Solo están hablando. Y como todo en el cuerpo, lo hacen a su manera.
Referencia Bibliográfica:
Unsworth A, Dowson D, Wright V. Some new evidence on human joint lubrication. Ann Rheum Dis. 1973 Jun;32(3):229–33



