Cuando el dolor persiste en el tiempo, el cerebro cambia su forma de procesarlo. Se activan regiones diferentes, como la amígdala, la corteza prefrontal o el hipocampo, involucradas en la emoción, la memoria y la toma de decisiones. Esto significa que el dolor crónico no sólo afecta al cuerpo, sino también a la forma en que pensamos y sentimos. Además, se pierde volumen en ciertas áreas cerebrales, como la corteza somatosensorial. La buena noticia es que el cerebro también puede cambiar en sentido contrario gracias al movimiento, la educación en neurociencia y otras terapias.
Referencias:
- Apkarian, A. V., Baliki, M. N., & Geha, P. Y. (2009). Towards a theory of chronic pain. Progress in Neurobiology, 87(2), 81-97.
- Baliki, M. N., & Apkarian, A. V. (2015). Nociception, pain, negative moods, and behavior selection. Neuron, 87(3), 474-491.



