Que el estrés tiene un alto impacto sobre el cuerpo es algo que ya sabíamos y que cada vez se habla más, pero ¿Cómo afecta al cuerpo? ¿Aumenta el dolor?
Para empezar hablando de este tema tenemos que conocer el término ALOSTASIS. Este concepto parte de que el organismo cambiará su medio interno para enfrentar una perturbación que llegue desde el exterior o, dicho de otra forma, la fisiología se muestra sensible a la influencia del ambiente.
Estos parámetros serían respuestas adaptativas a alguna predicción. Son señales neuronales sostenidas que surgen de las interacciones ambientales insatisfactorias con una alta demanda.
Es el cerebro el encargado de predecir lo que sucederá en el entorno, adaptando así la fisiología para cada situación específica.
Por otro lado, la mente se extiende a todo el cuerpo y a la comunicación bilateral entre el cerebro y el sistema cardiovascular, inmunitario, etc. Si los estímulos que recibe son muy intensos y se repiten frecuentemente o persisten en el tiempo se satura la capacidad de adaptación, generando una desregulación de la homeostasis orgánica y generando una carga alostásica.
EL ESTRÉS AGUDO Y CRÓNICO puede causar un desbalance en los circuitos neuronales que intervienen en la cognición y en la toma de decisiones, la ansiedad, el humor con un aumento o disminución de su expresión en la conducta.
Este desbalance afecta a la fisiología sistémica neuroendocrina, autonómica, inmune y metabólica.
Una manera de identificar la alostasis es a través de marcadores biológicos, como son el cortisol, la dihidroepiandrosterona (DHEA), la epinefrina, la norepinefrina, el colesterol, la hemoglobina glicosilada, etc.
EL ESTRÉS está definido por Hans Selye como respuesta no específica del organismo a cualquier demanda exterior. Algunas enfermedades físicas y mentales pueden ser consecuencia de cambios fisiológicos que resultan de un estrés mantenido.
Existen sistemas que participan de manera muy importante durante el estrés, como el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA) y el sistema nervioso autónomo.
El cerebro percibe y determina aquello que es amenazador, así como el comportamiento y respuestas fisiológicas frente al estresor, que no solo se utilizan para la adaptación (alostasis), sino que también contribuyen a la fisiopatología (carga alostásica/sobrecarga).
Si la reacción de estrés es crónica o permanente, puede resultar muy peligrosa.
Con la alostasis se pone en manifiesto una característica fisiológica importante: mirar hacia el futuro a tiempo. Mientras que la homeostasis espera errores y luego los corrige (reactiva), trata de conservar un estado y, por lo tanto, mirar hacia atrás en el tiempo.
Las experiencias estresantes no producen un deterioro uniforme de la salud. En el corto plazo pueden llevar al crecimiento, adaptación y nuevo aprendizaje. A largo plazo se vuelven problemáticas para la salud cuando son crónicas, incontrolables, imprevisibles y difíciles de enfrentar debido a la falta de recursos, de apoyos personales, sociales y del entorno.



